martes, 13 de marzo de 2012

Del Atari al PS3

Estoy seguro que no soy el único que vivió la transformación de los videojuegos y ahora que se experimenta una gran variedad de plataformas, donde la Internet también está incluída, me siento gratificado de pasar de los 8 bits a las conexiones sin cables y en 3D.

Era fines de los años 80', cuando un primo me asombró con su Atari. Ni bien lo jugamos con mi hermano, quedamos prendidos de "Bobby go Home" y "Enduro". No pasó mucho tiempo para tener uno en casa. Consola con juegos incorporados, espacios para cassetes (que nunca compré) y un curioso joystick cuadrado, era lo más alucinante para mis 7 años.

A inicios de los 90' llegó el "Maxplay". Era la competencia del NES. Pese a ello, conocí a "Mario Bros", me convertí en un karateca con "Spartan X" y anoté muchos goles con los "Supercampeones". Pasaron apenas algunos años y tocó el turno del "Super Nintendo". La máquina y el juego de "Street Figther II" costó un ojo de la cara a mi  papá. Recuerdo que llegué a tener una maleta llena de cartuchos y pasábamos horas con mis primos frente a la televisión.

Con mucha pena y ante una crisis económica familiar, vendimos todo lo relacionado al Supernintendo para que llegue a nuestras manos el Nintendo 64. El costo de los juegos -entre 40 a 60 dólares- provocó que solo tengamos "Shadows of the Empire".

Pasó algún tiempo y cansado de no tener el famoso Play Station 2, mi hermano se animó a trabajar por espacio de un mes en un Call Center para invertir todo su sueldo en la consola. Los juegos baratos facilitaron la diversión electrónica por algunos años.

A mediados del 2010 me compré el PS3. El renovado juego -llamado así por su tamaño y capacidad de 120 Gigas- es uno de mis objetos favoritos y pienso que lo tendré por un buen tiempo más.

Con 30 años, sigo jugando videojuegos y no me importa lo que digan los demás. Es casi un hecho que en un futuro disfrutaré de los renovados juguetes electrónicos y enseñaré a mis hijos la tecnología antígua para que ellos me muestren la nueva.

lunes, 27 de febrero de 2012

Ese pobre hombre de marrón

Cualquier trabajo digno es símbolo de respeto y yo no tengo por qué cuestionarlo. Sin embargo, la labor del "Guachimán" es una función que se gana muchos anticuerpos gratuitos debido a la falta de criterio al momento de vigilar los ingresos de los edificios o centros de trabajo. Aquí va mi caso.

Llevo casi cuatro años perdiéndome reuniones familiares como cumpleaños de mis padres, hermano, primos, etc. debido a mi trabajo de noche. Ni qué decir de la Navidad y Año Nuevo. No cuenten conmigo. No obstante, este 26 de febrero del 2012 decidí saludar a mi papá por su cumpleaños. Promediaba las 8:00 pm. y, cuando mi progenitor volvía de trabajar, me encontró en la casa junto con mi padrino de confirmación  a quien vemos una a dos veces al año.

Como era reunión familiar me tomé dos vasos de cerveza y enrumbé al trabajo sin darme cuenta del evidente aliento a licor que llevaba. Al llegar al Edificio Italia en el Centro de Lima me aguardaba una ingrata sorpresa.

Un vigilante relativamente nuevo, -con el que ya había tenido un leve altercado hace unas semanas- se encontraba desparramado en su silla. Toqué la puerta y al abrir enseñé mi credencial para ingresar. Ni bien abrí la boca para saludar, el pobre individuo por poco y me saca a empujones al notar que tenía aliento a licor.

Intenté hacerle entrar en razón diciéndole que no estaba borracho ni iba a causar escándalo en mi centro de trabajo. Incluso respondí que bajo mi responsabilidad entraba a trabajar en ese estado. "No señor, Arte Express tiene como reglamento que nadie puede entrar con aliento a licor", dijo.

Llamé de inmediato a mi jefa y le expliqué lo ocurrido. Ella intentó convencerlo y nada. Volví a insistir al hombre de la puerta pero su rostro era de un rotundo NO. "Vuelvo en dos horas", anuncié con la esperanza de algún 'milagro' pero nada. Volví a casa con la rabia entre los dientes y con el deber de decir a mis padres lo sucedido. De paso me reincoporé a la fiesta. Total, ya ningún vigilante me iba a cuestionar.

Es cierto que esas personas hacen su trabajo y tienen normas que seguir, pero me pregunto. ¿A caso las personas somos robots y no tenemos familia?, ¿ese "Guachimán" nunca se tomó un vaso de cerveza y fue a su trabajo apresurado sin darse cuenta que tenía el aliento a licor?. Por último, acudo a su criterio y me digo. ¿Qué le costó decirme que no lo vuelva  a hacer y dejarme entrar?. No iba a armar escándalo, ni tampoco romper el mobiliario del trabajo. Fueron solo dos vasos de cerveza y suficiente para darme cuenta que existen personas con escaso juicio y solo se rigen a fríos reglamentos que no saben de sentimientos ni del trabajo intachable que realizo por las noches hace casi cuatro años.

Ojalá consiga una mejor labor o se jubile próximamente. Estoy seguro que nadie le otorgará un reconocimento como el vigilante del mes. Solo se llenará de antipatías por su forma estúpida de hacer una labor, donde se deben ubicar personas con criterio y no mofletudos personajes que se sienten los dueños del mundo por decidir quiénes ingresan a los lugares que custodian. ¡Ni que San Pedro les hubiese entregado las llaves del cielo!.

domingo, 2 de octubre de 2011

Hasta siempre, Telmo Laredo

Mira qué capricho el tuyo irte el ¨Día del Periodista¨. Tú que me diste la profesión y me aprestaba a celebrar con los colegas, tomas las maletas y emprendes el viaje sin retorno. Allá los que no te conocieron Telmo Laredo Méndez, se perdieron algo grandioso. Esa amistad que dabas a todos, buen padre y consejero mayor.

Amigo de temple y madera antigua, capaz de todo para no defraudar a quienes se acercaban para pedirte una palabra de aliento, un granito de su sabiduría.

Viejo lindo, te vas y no te lloro. Estarás vivo por siempre en los corazones de todos los que te amamos y disfrutamos a tu lado largas horas de charla, de amena reunión, en tu casa en el Rímac, en tu barrio de la plazuela de las Cabezas o en tu casa del Balcón del Rímac. Esa casa que levantaste con tu esfuerzo porque era tu idea de tener un techo para recibir a tus hijos.

Me veo en la necesidad, Telmo, de engatusar al destino para liberarte de la muerte y decirte que estás vivo al lado nuestro, con tu sonrisa amplia y amable, con la palabra de aliento a flor de boca.

No importa viejito que en el hospital a donde te llevamos despreciaron tu cuerpo, no quisieron recibirte y fue el desencadenante para que se deteriorara tu salud. No importa viejo, esos médicos perversos no sabían de tu grandeza. De tu enorme bondad para perdonar. Total viejo, te pasaste la vida perdonando, sin mirar si tenía o no un mandil blanco.

Por último padre, Telmito, anda y sigue el camino del destino, reúnete con tus hermanos y al lado de nuestra entrañable abuela, Inocenta.

¿Sábes?, eres muy caprichoso. No sé de dónde me has sacado eso en tus últimas horas de existencia. Justo por irte en el ¨Día del Periodista¨, la profesión que me inculcaste y creo no haberte defraudado.

lunes, 20 de septiembre de 2010

La pasión por Santo Toribio

Pasé once años de mi vida en las aulas del Colegio Externado Santo Toribio, en el Rímac, y en estos momentos que se realiza el tradicional campeonato de ex alumnos en campos deportivos ajenos, me vuelve la rabia de aquellos primeros días del 2010 cuando se confirmó el cierre "momentáneo" de uno de los planteles más prestigiosos del Perú.

Son 163 años de historia formativa y como dice el cartel: A donde vayas encontrarás un toribiano. En la última semana lo comprobé en cuestión de 24 horas. Asistí a un partido de fútbol de mi trabajo y reconocí a un ex toribiano que curiosamente labora en la misma área que la mía, pero por cuestión de horarios (mis funciones son en horas de la noche) nunca habíamos cruzado palabra alguna.

Pasada algunas horas me animé a pedirle un favor a Wilder León, editor general de Depor, para publicar la foto de mi promoción en el diario. Grande fue mi sorpresa ante la respuesta de Wilder. "Yo también soy toribiano. Promoción 94', la foto te la saco pasado mañana. Tengo un primo, Henry León, que es de tu promo. Lo puedes conocer". Volví a asombrarme al saber de otro toribiano.

Por eso espero con ansias que se vuelvan a abrir las puertas de mi colegio e ingresar al patio principal y junto a muchos otros toribianos izar la bandera que lleva el escudo con el águila y entonar las sagradas notas de nuestro himno...

"Toribianos al aula corramos
Llena el alma de inmenso placer
Que las aulas son templos sagrados
De la ciencia, el honor y la fe..."

sábado, 31 de julio de 2010

¡Ay, mamá!... por eso te quiero tanto

Hoy tuve un día fatal. Me levanté renegando, discutí con mi mamá, fui cancelado para asistir a una reunión con mis ex compañeros de trabajo y pasé más de doce horas sin probar bocado alguno. Sin embargo, todo esos malos momentos valieron la pena para darme cuenta que adoro a mi madre.

Había llegado a las 4:00 am. del jueves 29 de julio, luego de una amanecida más en el trabajo. Calculo que concilié el sueño cerca de una hora después. A los 11:00 am. mi mamá me levantó gritando. “Victorhugito, levántate. Está servido el saltado de carne para el desayuno”, dijo. Entre frío y cansancio, por dormir cerca de seis horas, desperté con pésimo humor.

“¿A qué hora llegaste anoche?, ¿el martes llegaste a las siete de la mañana, no?”, consultó mi mamá. “Siempre me preguntas lo mismo. Sabes que trabajo de madrugada y hay veces que tengo problemas con el programa con el que trabajo. Además, el miércoles cerraron las calles cercanas a Palacio de Gobierno y no había taxi. Tuve que esperar a que amaneciera, ya te lo había dicho”, respondí de muy mala forma a mi madre mientras me engullía el delicioso saltado.

“Si no deseas que te pregunte no lo haré más”, aclaró mi mamá. La molestia se instaló en ella por horas y las aguas se calmaron de cierta forma luego de tomar algunos Pisco Sour en el almuerzo como parte de la celebración por Fiestas Patrias.

Llegada la noche decidí salir al trabajo sin cenar. Total, iba a encontrarme con mis amigos y podía pedir algo para comer en el bar-restaurante. Tras llegar al trabajo me sorprendí al leer un correo que cancelaba la reunión. Me dejaron cambiado para la ocasión y sin nada en el estómago desde las 2:00 pm.

Tras la salida del trabajo, planeamos entre mi compañero y yo comer un rico sanguchón en “El Cocoliso”. Pasada las 3:00 am. nos dimos con la sorpresa que en toda la avenida Alcazar no había una sola sanguchería abierta.

Maldije mi mala suerte y el mal día que me tocó afrontar. Decidí ir a mi casa para ver qué encontraba. Había hamburguesa y hot dog por preparar, pero encontré algo del saltado con carne.

Sentado en la mesa recordé la estupidez que cometí en la mañana. Había faltado el respeto a mi madre pese a que ella me quería engreír con un exquisito desayuno y sus preguntas solo eran de preocupación. Comí entre sollozos esa misma comida que desató mi mal humor por la mañana y me apaciguó por la noche el hambre que tenía.

Por eso te quiero tanto mamá. Mil disculpas.

miércoles, 14 de julio de 2010

Desnudando a la selección

Se viene un nuevo proceso en la selección peruana de fútbol, con el entrenador uruguayo Sergio Markarián a la cabeza, y renace una vez más la esperanza de clasificar a una Copa del Mundo. Esa misma ilusión que se tuvo con Guillermo 'Chemo' Del Solar y se terminó por esfumar en un abrir y cerrar de ojos.

 Era agosto del 2007 y me sorprendió un correo electrónico de la Federación Peruana de Fútbol (FPF) que convocaba  a los editores y directores de las áreas deportivas de radio, televisión, páginas webs y prensa escrita a una reunión en La Videna. Como era editor deportivo del diario "El Men" me animé a ir.

Ya en La Videna, nos juntaron a todos los periodistas en un salón junto a 'Chemo'. Entre bromas por parte de Elejalder Godos y la seriedad de Michel Dancourt, editor de Bravo de La República, comenzó lo que era en un principio acordar la forma en la que iba a trabajar la selección. "Habrá una zona mixta en donde todos podrán entrevistar a los jugadores y yo solo hablaré en conferencias. Si desean, nos quedamos tres horas conversando pero no daré exclusivas", fueron casi literalmente las palabras de Del Solar.

¿Y qué pasará con la disciplina?, preguntó un colega. "Yo hablaré con el futbolista y se verá la forma de sancionarlo", respondió 'Chemo'. ¿Y el amigo de Pizarro, "Pizarrón", lo dejarán entrar a las prácticas?, porque siempre se pasea por La Videna como si nada, apostilló otro colega. "Ya veré ese tema", acotó el entrenador. Esa reunión fue una especie de advertencia para Del Solar. Claro, en esa época era amigo de muchos futbolistas y no tenía problema alguno con Pizarro, capitán de la selección.

Pasaron las primeras dos jornadas y Perú solo había sumado un punto de seis posibles. El cotejo con Brasil (noviembre del 2007) era una linda oportunidad para sumar de a tres puntos. Eramos dueños de fecha y teníamos a todas las estrellas habilitadas como Juan Vargas, Claudio Pizarro, Jefferson Farfán y Paolo Guerrero.

Ya en La Videna -un día previo al cotejo y luego de las prácticas- el estacionamiento era un parque de diversiones: "Pizarrón" subido en el auto de lujo de Paolo Guerrero escuchando música a todo volumen, un periodista -o no sé si lo será- vendía o entregaba chimpunes a algunos jugadores, las bromas estaban a la orden del día y las entrevistas (que se suponía debían hacerse en la ZONA MIXTA) las hacían en cualquier lugar.

Desde allí las cosas empezaron mal. Pasó el famoso problema del hotel Golf Los Inkas y las ganas por asistir a los entrenamientos a la selección se esfumaron. Sumemos a ello que se cambió la entrada a la prensa. Ahora debíamos acceder por la Avenida Canadá, entre ladrones, un portón viejo y una entrada llena de basura y barro.
 
Ese fue el comienzo de una etapa que terminó por ser la más desastroza de las últimas eliminatorias para Perú. Por mi parte me salí a tiempo de la sección deportiva y observé cada conferencia de 'Chemo' sosteniendo una sola idea desde que se reunió con la prensa en agosto del 2007. "Yo solo hablo en conferencias y aquí nos podemos quedar tres horas conversando...".

NO, GRACIAS

miércoles, 12 de mayo de 2010

¿Qué hago cuando me emborracho?

Nunca pensé hacerme esta pregunta sino fuera por una portada de Perú 21, que destacaba al 5% de los peruanos como alcohólicos. Este singular titular provocó que me pregunte cómo soy cuando me pasé de copas. La verdad que no soy de comportarme de manera violenta ni realizar locuras que al día siguiente tenga que lamentar.

Lo curioso es que sí he visto muchos casos. En mi ex trabajo, la bohémia era común y llegando algunas veces hasta dos veces en plena semana. La primera vez que recuerdo un compañero de trabajo ebrio fue en una discoteca. Era la hora de salida y pasaban dos jovencitas por su lado y de repente una de ellas le propinó un bofetazo que le sacudió la cara. Por supuesto que todos, y sobre todo nuestras compañeras, alzamos nuestra voz de protesta pero en realidad mi compañero había tocado una zona indebida de la fémina.

Otro momento bochornoso son las que realizaba una persona mayor. "Producto de la borrachera", me decía en un lapso de cordura luego de bailar como loco sobre un estrado o realizar movimientos nada acordes a sus más de sesenta años.

Mientras la alegría invadía a unos, otros se volvían locos por la droga en medio de los tragos y muchos borraban "el disco duro" y no recordaban las peleas, confesiones y hasta promesas realizadas.

Creo que la única vez que actué de manera algo osada fue cuando volvía de amanecida en un taxi en dirección a mi casa. Le pedí al taxista que tome una avenida sin darme cuenta que estaba en contra. El conductor aceptó la propuesta y para mi mala suerte nos dimos de frente con un vehículo de la policía.

Sin dudar un segundo me enfrenté a ambos 'tombos' y les dije que yo había pedido que haga esa maniobra. Me obligaron a bajar del Tico y pensaron que consumía droga o tenía en mi poer alguna. "Soy periodista" le dije y enseñé mi carné de prensa. Las caras de susto evidenció su sorpresa y solo atinaron a preguntar qué hacía por allí. "Vengo de una reunión y me voy a mi casa"... Siga usted con cuidado y si desea lo escolto les faltó decir. Ah, el taxista me agradeció todo el tramo que faltaba para llegar a mi domicilio, pues lo salvé de una papeleta.

Como colofón recuerdo una borrachera que me comentó mi padre por el año 1991 en la Copa América de Chile. Pese a la nefasta actuación del seleecionado peruano, los periodistas blanquirojos encontraron motivo para celebrar y luego de varios tragos Eloy Jáuregui se paró y dijo: "Carajo, acá no paro hasta llevarme el Huascar al Callao"... Cosas de la borrachera.